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miércoles, 1 de julio de 2015

Te ganaras el cielo...


Es lo poco que me dijo hace unas semanas un señor de unos 80 años que ayude a levantar del suelo, lugar donde había acabado al calcular mal el paso mientras bajaba las escaleras de la calle San Anastasio en dirección a la plaza de la villa. Al incorporarse, y tras mi interés por saber si se encontraba bien, me miró sonriente y pronunció esas palabras que sirven de título a esta entrada:

"Te ganarás el cielo"

Si nos paramos un momento a pensar, nos percataremos del poco esfuerzo que nos supone este tipo de actos y lo gratificantes que son. Además son cosas que salen sin más. Basta con ir un poco atento a lo que pasa a nuestro alrededor. Basta con estar conectado con el "momento presente". Eso que tan de moda se está poniendo y denominan "atención plena". 



A los pocos días, me permití la licencia de evitar que un pequeñajo de unos 3 o 4 años saltase a la carretera. Su madre, enfrascada en una conversación que debía ser de lo más interesante, no se dió cuenta de que el niño se alejaba y en su juego de saltar, estuvo a punto de ser arrollado por un vehículo en el Paseo de San Juan. Ante la situación, le pedí a mi hijo que me esperase junto a la pared, lejos de la vía, y me apresuré a pedirle al niño que tuviese cuidado y que volviese con su madre que se iba a preocupar si no le veía. El pequeño, salió despavorido tras mi sugerencia. Imagino que yo le serviría de excusa para desahogarse de alguna pena que traía ya de otro sitio, o quizás si, quizás fui yo el causante de su llanto. La cosa es que se libró por los pelos... 

Y como ya supondreis...

"No hay dos sin tres"


La calle permanece cerrada al tráfico en horas de entrada y salida del colegio, pero si algún día la salida se retrasa o algún coche ha conseguido pasar antes de la hora de cierre, la situación puede volverse complicada. Montones de padres y abuelos haciendo cola, los niños de Infantil lo inundan todo, ya que son los primeros en salir. Finalmente salen los niños de primer ciclo de Primaria. En ese trasiego, se ha "colado" un vehículo. Ha ido avanzando sin hacer ruido, uno de los inconvenientes de los nuevos coches híbridos, que utilizan en el arranque y a velocidades bajas el motor eléctrico. Ha sido tan silencioso que ha aparecido como de la nada a la altura en la que nos encontrábamos padres y abuelos del curso de mi hijo. Si no es porque he cogido del brazo a uno de los abuelos de la fila, el coche lo habría pasado por encima. Despacito, sin hacer el menor ruido...

No se si el conductor se habrá dado cuenta de lo que ha estado a punto de ocurrir, tal vez tenía muchísima prisa, o estaba pendiente de los niños que pasaban por el otro lado del vehículo. Esto daría mucho que hablar, pero no es el caso. El hombre, me ha dado las gracias y nos hemos despedido con una sonrisa...

Puede que tenga razón el señor y me gane el cielo, o puede que no. Puede que yo me adelantara y el niño habría salido indemne, o puede que no. Puede que el abuelo de la fila se hubiese dado cuenta de la presencia del coche, o puede que no... Tengo el convencimiento de que hice lo correcto y seguiré haciéndolo, es más, he seguido haciéndolo. 

Hace poquito, he tenido la ocasión de ayudar, a salir del metro, a un invidente desorientado. Había subido en un vagón habilitado para sillas de ruedas y el hombre debió de perder el norte. Ya no sabía si era zona de asientos o de puerta, con lo que al intentar bajar en Paralelo, no hacía otra cosa que tropezar una y otra vez con la ventana, hasta que me acerqué a él, le dije que estuviese tranquilo, le 
cogí del brazo y lo acompañé a la salida. Me dio las gracias y cada uno siguió por su camino.

Al cambiar de linea de metro, había una mujer que tosía insistentemente. Me acerqué a ella y le ofrecí unos chicles de regaliz, era lo único que llevaba encima que pensé le podría ayudar a suavizar la garganta y así mitigar la tos. Rechazó lo que le ofrecí y siguió tosiendo...

"La ayuda que no se ha pedido, no siempre es bien recibida"


Pero esto no nos da derecho a enfadarnos o indignarnos con quien no quiere nuestra ayuda. Cada uno es libre de aceptar o no lo que se le ofrece. Al resto nos toca aceptar la decisión tomada. Eso si, no os desaniméis si os pasa más de una vez. Aún así, seguid dispuestos a echar un cable a quien lo necesite (pero sin ser pesao, eh?). La cosa está muy malita...

Pensad un poco sobre ello si os parece bien.

Un abrazo.



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